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Opinión

Mobirise
Desde la presentación de su candidatura a la presidencia, la figura del actual Presidente de la
República fue un foco de controversia. No cambió el panorama cuando ganó en las urnas y más que  apaciguar su situación, el presidente ha logrado que día con día la polarización de la ciudadanía se acentúe más, sobre todo con la polémica decisión que tomó el 31 de agosto pasado. El presidente agotó el poco capital político que le quedaba en su supuesta alianza en contra de la corrupción al presentar de la peor manera posible que no se renovará el mandato de la CICIG, rodeado de sus dos ministros más cuestionados y de los altos mandos del Ejército de la República y de la Policía Nacional Civil, en un intento por causar miedo en la población, al estilo de Nicolás Maduro, Hugo Chávez o Daniel Ortega. 

Más allá de cuál sea la postura ideológica que usted tenga, está claro que CICIG fue una posible
solución presentada a uno de los problemas más grandes de un país que no era capaz de combatir  la corrupción por sus propios medios, porque esta misma corrupción carcomió el sistema desde sus raíces. Sin embargo, también es cierto que tanto la Comisión, como su comisionado, no han actuado del todo de la manera esperada por toda la población. La CICIG ha tenido errores, pero sus aciertos han sido muchísimo más, distintos a la presidencia, que ha tenido aciertos, y ha tenido muchos errores. El primer punto a resaltar sería este; ninguna de las partes en los polos han sido inmaculadas ni perfectas y no poder matizar esto significa sólo una cosa: fanatismo ciego. 

Ahora bien, un segundo punto importante qué resaltar, está el actuar del presidente Morales. La
decisión de no renovar a CICIG está apegada a la ley, él podía hacerlo y si se hacía un análisis a
grandes rasgos de la situación era ilógico pensar que el presidente (quien tiene cierto conflicto de  intereses con la Comisión) iba a renovar el mandato. Sin embargo, pudo haberlo hecho mejor, no sólo moral y éticamente (en donde lo correcto sería que se renovara para que se esclarecieran los procesos en su contra), sino pragmáticamente y políticamente. Respecto a lo pragmático; teniendo en cuenta que en el año 2020 Jimmy no sería el presidente y que no hay reelección, pudo haber no renovado a la CICIG en 2019 para ahorrarse los problemas que esto le acarrearán. En torno a lo político, al rodearse de militares y de sus dos ministros cuestionados, Jimmy manda el mensaje que su estrategia es mantener la impunidad y su táctica es el uso del miedo. Los Jeeps, los soldados, el miedo, y la poca ciencia detrás de las decisiones del presidente hacen pensar a la población que es un aficionado del autoritarismo. 

Ante la comunidad internacional, el presidente queda mal posicionado en lo que se refiere a la lucha  contra la corrupción y peor aún, deja a la mayor parte de la población con dudas de su actuar. A pesar de que Jimmy intentó hacer un pobre llamado a la unidad, aprovechando maliciosamente la marcha convocada para el 2 de septiembre en contra del aborto, lo único que logró fue que más gente desconfiase de él. La verdadera Unión Nacional debe estar enfocada en contra de la corrupción y de los gobernantes que se creen reyes, quienes olvidan que son depositarios del poder y que el verdadero dueño de este es el pueblo. Es una cuestión que está mucho más arriba que el de izquierda vs derecha, la corrupción daña por igual a todos los ciudadanos. 

“No hay desarrollo ahí donde las políticas son improvisadas, donde reina la ocurrencia, o donde
el miedo y la desidia llevan a repetir incansablemente las estrategias del pasado.”.