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Opinión

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Hablemos claro, Jimmy Morales no busca la justicia y la paz del país; ni las instituciones guatemaltecas están preparadas para luchar contra la impunidad. 

El pasado 4 de septiembre del presente año, Jimmy Morales ordena, a través de la Dirección General de Migración, que se prohíba la entrada a territorio nacional al comisionado de la CICIG. De esta forma, y tras haber anunciado tres días antes la no renovación del mandato de la CICIG, el ahora presidente de Guatemala pone en reversa todos los avances hacía la justicia y la transparencia. Porque hablemos claro, Jimmy Morales no busca la justicia y la paz del país; ni las instituciones guatemaltecas están preparadas para luchar contra la impunidad.

Definitivamente el caso de la elección de Jimmy Morales como presidente de la república es uno sin precedentes que nos viene a dejar varías lecciones a la ciudadanía. La manera en que llegó al poder fue a través del rechazo ciudadano en contra de la última experiencia que vivimos en manos de políticos corruptos. Sin embargo, Morales ha demostrado convertirse en lo mismo que un día tratamos de impedir. La CICIG, ente encargada y responsable de sacar a luz varios casos de financiamiento ilícito y corrupción institucional, mantiene varías investigaciones que involucran a Jimmy Morales. Algunas pruebas de este caso son 210 cheques que fueron emitidos al partido político FCN-NACIÓN entre dirigentes, políticos, militares, diputados, dos embajadores y un primo del actual presidente de Guatemala, Jimmy Morales.

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Jimmy Morales dando a conocer su decisión sobre el mandato de la CICIG

La forma en que realizó un acto protocolario de Estado rodeado de militares y policías es claramente una forma de intimidación, no solamente a los integrantes de la CICIG en Guatemala, sino que también a toda su ciudadanía. 

Este es solamente un ejemplo de tantos casos que la CICIG se encuentra investigando en nuestro país. Congresistas, funcionarios públicos e instituciones enteras también cuentan con investigaciones en proceso. El primer paso para cambiar y mejorar algo es admitir que existe un problema, y en Guatemala tenemos una epidemia de corrupción. Aun así, el presidente Morales pretende transferir todas las funciones de la CICIG a instituciones estatales que no están listas para pelear contra este mal o sufren de impunidad. 

A esta incapacidad de toma de decisiones coherentes del presidente hay que sumarle los últimos actos efectuados por él mismo. La forma en que realizó un acto protocolario de Estado rodeado de militares y policías es claramente una forma de intimidación, no solamente a los integrantes de la CICIG en Guatemala, sino que también a toda su ciudadanía. Enviar vehículos militares tripulados por soldados y armas de alto calibre a recorrer calles públicas frente a las instalaciones de la CICIG es algo que no se espera de un gobernante democrático que busca, como él mismo lo establece, el orden público y la justicia. El presidente Morales se ha vuelto el perfecto dictador, apoyándose y tomando ventaja de la división social actual, generando confusión e inestabilidad. Convirtiendo eventos ajenos al conflicto actual con CICIG (como la marcha por la vida del domingo pasado) en herramientas de convicción política a través de su discurso. Pero no se confunda presidente Morales, esa marcha no fue una demostración de apoyo a usted y su gestión, ni mucho menos a sus decisiones recientes. 

Guatemala es un país que debe mantenerse unido defendiendo sus raíces democráticas y republicanas, las cuales la gestión de Morales ha venido a amenazar. Sin importar las ideologías de cada guatemalteco, una dictadura es algo con lo cual todos estamos en contra, y cada día, la forma de gobernar de Jimmy Morales se parece más a una. Recordemos las razones que nos unieron en el 2015, recordemos por qué nos levantamos y contra qué peleamos. Un presidente no cambia ni condena un país, la ciudadanía sí.
 

LA LUPA ES AJENA A LAS OPINIONES PRESENTADAS EN ESTE ARTÍCULO.