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Opinión

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El pasado 26 de junio, una desconocida, vence en las elecciones primarias al Congreso por el Distrito Electoral 14 de Nueva York (Bronx & Queens), al 4º congresista de mayor jerarquía dentro del partido Demócrata. Su nombre es Alexandria Ocasio-Cortez, una estadounidense-puertorriqueña de 28 años, “economista e internacionalista graduada de Boston University. Trabajó en la oficina del senador Kennedy en temas de migración y política exterior” (Anónimo, 2018). Decidió involucrarse en política tras apoyar la candidatura en la primaria presidencial demócrata del senador Bernie Sanders en 2016.
Su contrincante, Joseph Crowley, el 4º congresista demócrata de mayor jerarquía y potencial sucesor de Nancy Pelosi como portavoz del partido en el Congreso (hasta antes de la primaria). “Se encuentra en su 10º (y último) período consecutivo como Congresista. Esta era la primera vez en 14 años, que se debía enfrentar a un proceso de elección primaria para asegurar su candidatura” (Krieg, 2018). Sin duda alguna, un “viejo lobo” o “dinosaurio” de la política.
El resultado de la elección fue una sorpresa, tanto para Ocasio-Cortez, como para Crowley, el establishment demócrata y prácticamente todos los medios norteamericanos. El Distrito Electoral 14 de Nueva York, se caracteriza por ser mayoritariamente latino, con un 47.5%, de los 720,690 habitantes que lo conforman (United States Census Bureau, 2015). Sin embargo, tal y como se puede apreciar a continuación, la victoria de Ocasio-Cortez fue contundente, obteniendo 57.13% del total de los votos válidos emitidos.
¿Qué tiene que ver esto con Guatemala? ¿Cómo se relaciona con la situación política y coyuntural del país?
Bueno, el pasado 26 de julio, un comité pro-formación desconocido (ante tantas marcas partidarias tradicionales y candidatos reciclados), alcanzó una importante meta en sus aspiraciones para convertirse en partido político (Movimiento Semilla, 2018). Esto, frente a un Registro de Ciudadanos del Tribunal Supremo Electoral, que producto de las altas barreras de entrada y engorrosos procesos burocrático-administrativos, premia la opacidad sobre la transparencia. Sí, Movimiento Semilla logró la meta del 0.30% de adhesiones (del total del padrón electoral). Es decir, “las 22,700 firmas, la organización territorial en por lo menos 50 municipios y 12 departamentos” establecido por la Ley Electoral y de Partidos Políticos en su Artículo 19, literal “a” (Tribunal Supremo Electoral, 2017).
Movimiento Semilla tiene su origen en la coyuntura de 2015, cuando la ciudadanía en los centros urbanos sale a las calles, manifestándose contra la administración del ya desaparecido, Partido Patriota y toda la estructura de corrupción evidenciada por las investigaciones de MP-CICIG. Sin embargo, los esfuerzos formales para convertirse en partido político se inician en mayo de mayo de 2017 (Álvarez, 2018). A continuación, se puede observar el proceso de adhesiones frente a otros comités pro-formación.
​A diferencia de los demás, el proceso de adhesiones por parte de Movimiento Semilla ha sido mucho más transparente, siendo el primer y único comité pro-formación con NIT. Además, el proceso fácilmente se puede consultar en sus distintas páginas de redes sociales, donde periódicamente tienen publicadas actualizaciones en relación con las firmas.
 
Se puede estar o no de acuerdo, tanto con las ideas de Alexandria Ocasio-Cortez, como del Movimiento Semilla. Pero sí hay un par de importantes lecciones que dejan los casos comparados para el futuro político, en Guatemala como en Bronx y Queens: organización y transparencia.
Primero, la forma de hacer política es completamente distinta. Ambos casos son claros ejemplos de organización horizontal. Es decir, movimientos que no giran en torno a figuras de caciquismo mesiánico, financistas o estructuras establecidas por la cúpula de las organizaciones. Son, por el contrario, movimientos que vienen de las bases, enfocados en los ciudadanos y sus necesidades. Espacios de dialogo, donde hay cabida para quienes deseen sumarse y hacer el cambio.
Segundo, la fuente de financiamiento. Ocasio-Cortez ha sido clara y tajante desde el principio de su campaña: no aceptar dinero de grandes financistas o corporate money. Al igual que Movimiento Semilla, son proyectos que dependen de aportes individuales de ciudadanos de a pie. Esto ha permitido en ambos casos, que el mensaje sea claro y fuerte: una nueva forma de hacer política…honesta y sin “pelos en la lengua”.
 
El gran reto para ambos casos: es la institucionalización de sus proyectos y el apego a sus principios e ideas. Nuevamente, se puede o no estar de acuerdo con sus postulados…pero son sin duda, casos que dan esperanza en panoramas políticos tan complejos.